Con el paso de los años, Michael Bay se ha labrado una carrera propia, con un sello y firma absolutamente reconocibles por todo aquel que haya visto su cine. Su capacidad para mostrar en pantalla una persecución, una escena dramática o un tiroteo, es abrumadora, eso sí, siempre todo cortado por el mismo patrón, con el mismo estilo, no parece mirar fondo, sólo forma.
De ahí que esta película, basada en hechos reales, quizá no sea un buen recordatorio para los que andan un poco mal de historia, o para los que esperan encontrarse con un giro inesperado en la carrera de Bay. No, 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi es una muestra más de la forma del norteamericano, capaz de ensalzar todo lo suyo de cualquier forma, sin importarle el trasfondo que haya.
La película, rodada con pulso firme y frenético, no decepciona. Es decir, da lo que uno espera que de. Es honesta, poco valiente y muy acomodada en la historia que cuenta. Bay sabe perfectamente quien verá 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi, así que no necesita demostrar nada, ni tan siquiera que es capaz de mostrar el horror de la guerra desde otro punto de vista. No lo hizo con Pearl Harbor (2001), así que todo indicaba que tampoco lo haría aquí.
Centrada en el pelotón que resistió el asedio a unas instalaciones de la CIA en la ciudad de Bengasi, la película nos traslada a aquel particular infierno, con sus protagonistas, cada uno con una historia. Bay intenta hacernos ver que cada uno tiene su propia vida, sus problemas, su familia… todo ello decorado con ese halo americano que sólo él sabe colocar en el momento adecuado.
A pesar de la complejidad política (y diplomática) que hubo detrás de este desagradable incidente, a Bay no le interesa mostrar eso, directamente se mete en faena y en su particular menu, ensalada de tiros. Una pena, ya que podría haber resuelto muchas de las carencias de la película, con alguna escena aclaratoria, o al menos en donde se intente hacer ver qué fue lo que había detrás.
El resultado de esta “ignorancia” (seguramente tampoco le interese contarlo) se traduce en que el espectador se pone ante el eterno conflicto de que todos atacan a América, tierra de valientes, de oportunidades. Se ve atacada y, como dijo aquel fatídico presidente, se defenderá. Lo hace, a lo grande, con escenas espectaculares y con una impactante fotografía.
Pero aunque se nos intente vender una cosa, todos sabemos perfectamente qué fue lo que sucedió, qué había detrás… Sin toda esa chicha, la película queda en un mero ejercicio pirotécnico visual con tiros y poco más, no hay apenas tiempo (ni ganas) para contarnos algo más.
La honorabilidad, la hermandad, el todos somos hermanos… toda ese conjunto tan sumamente patriótico que tanto le gusta a Bay tiene aquí sus momentos, sus partes, todo en 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi está medido para que la acción y en ocasiones el suspense, no decaigan ni un segundo.
Ya no le es necesario contar con rostros conocidos, quizás si que merece la pena destacar el papel de John Krasinski, muy diferente al que hemos visto a menudo. Para Bay, el actor siempre ha sido un mero elemento para la acción de su película, no un transmisor de emociones.
Resulta inevitable pensar en Black Hawk Derribado (Ridley Scott, 2001) otro retrato de un inefable suceso americano, eso si, de mejor calidad que éste, en donde la acción y el patriotismo cinematográfico (donde incluyo ese hermanamiento, esa honorabilidad…) también iban de la mano. Y es que entre ambas, hay elementos comunes.
13 horas: Los soldados secretos de Bengasi es una película prescindible, sin novedad, que no engaña al espectador que espera lo que le han vendido, absolutamente directa y con escaso trasfondo (¿por qué les atacan?). Pero para Bay eso siempre ha sido algo secundario.