Estamos en 1995, en plena década de los noventa. Un año en donde títulos tan fuertes como Seven (David Fincher, 1995) aterrizaba en los cines estableciendo un nuevo concepto de thriller; donde Toy Story (John Lasseter, 1995) se convertía en el primer largometraje animado por ordenador; y el mismo año en donde Nicolas Cage protagonizaba la película que le daría el Oscar de su vida, Leaving Las Vegas (Mike Figgis, 1995). Y es precisamente con ecos de esta película, por su crudeza y localización, con lo que nos podemos quedar para hablar de un título tan denostado como reivindicado con el tiempo como es Showgirls (Paul Verhoeven, 1995).
A pesar de que la película resultó ser un fracaso en taquilla (ni siquiera recuperó los 45 millones que costó) todo el mundo hablaba de ella. Tampoco los varios Razzies que consiguió (entre ellos a la dirección, en un acto al que el propio Verhoeven acudió) o el hecho de que la carrera de su actriz protagonista se estrelló, han convertido a Showgirls en una cinta olvidada, sino todo lo contrario, es una película que, como el vino, aunque con un regusto bastante más dudoso, parece haber ganado algo con el tiempo.

Como historia la cinta no es nada novedosa. El personaje casi marginal que inicia un viaje para conseguir ser el número uno y la ingente cantidad de vicisitudes que tiene que pasar para lograrlo. Todo esto lo hemos visto desde los inicios del cine, aunque quizá con los años cada vez más películas utilizan esta base argumental para ir añadiendo más cosas. Pero detrás de una sobada historia, en Showgirls afloran otras cosas que, incluso habiendo pasado unas cuantas décadas, siguen estando (para desgracia nuestra como sociedad) implantadas entre nosotros.
Escrita por Joe Eszterhas, que venía de trabajar también con Verhoeven en la tórrida Instinto básico (1992), la película se mueve entre dos pilares. Por un lado, la gran carga machista que Eszterhas le aporta y que viene siendo habitual en sus textos, donde la mujer es utilizada como moneda de cambio para todo (y cuando digo todo, es todo); pero, por otro lado, el logro del propio Verhoeven de convertir todo eso en un excesivo ejercicio crítico sobre la fama y el ascenso al estrellato.

Pero dentro de ese hilo conductor, también encontramos algún que otro patinazo de campeonato. Tramas que no aportan demasiado o que no están muy bien terminadas (la del personaje interpretado por Glenn Plummer) u otras que a pesar de ser excesivas y duras (como la de la violación de Molly) no acaban de ser justas con sus personajes (la supuesta venganza resulta descafeinada, y podría haber sido mucho más potente y memorable).
Para Showgirls prácticamente todo vale. Valen las numerosas escenas de desnudos; valen algunas escenas con diálogos de vergüenza ajena (sí, incluimos la de la piscina); valen también otras tantas con un toque muy cruel y una resolución casi paródica, pero ese todo vale quizá sea intencionado. Y es que en Showgirls todo se respira artificial, como la vida de esas bailarinas, que no dura más que un trayecto desde el casino a su cuchitril (casi siempre a las afueras y en una caravana) que llaman hogar.

Por debajo de todo ese tejido de sexo, poder y exhibicionismo se encuentra Elizabeth Berkley. Secundaria televisiva de serie adolescente, aquí en un más que ingrato papel que bien podría abrirle las puertas de Hollywood de par en par, o mandarla directamente al olvido. Una pena que fuera la segunda, pero también es verdad que un peso como el de su personaje, quizá debería haber recaído en una actriz con algo más de tablas, eso y que la dirección actoral de Verhoeven no siempre es lo que uno espera. Berkley se esfuerza, lo intenta, pero no convence siempre.
Con todo y con eso, Showgirls no es tan infame como se la ha calificado muchas veces. No es perfecta, pero ¿qué película lo es? Tiene algunas pinceladas de cine interesante, falso, pero interesante; personajes masculinos absolutamente deleznables, retratados como depredadores sexuales en un submundo en donde la mujer parece de usar y tirar; además de incluir un mensaje bastante contundente (la cosificación de la mujer o el sueño americano, hay para elegir). Con esto la película, a día de hoy, tres décadas después de su estreno, se deja ver. Si tenemos en cuenta su contexto social, no cabe duda de que fue rompedora, aunque solo durante un rato.
- Elizabeth Berkley
Nomi Malone - Kyle MacLachlan
Zack Carey - Gina Gershon
Cristal Connors - Glenn Plummer
James Smith - Robert Davi
Al Torres - Gina Ravera
Molly Abrams - Greg Travis
Phil Newkirk



