Pasamos ya el ecuador de esta épica saga con una tercera entrega en la que, de nuevo, Cameron vuelve a poner las cosas claras en esto de quien manda en el espectáculo visual. La saga Avatar podrá gustar más o menos, esto ya depende del gusto de cada uno, como cualquier película, pero no hay que negar lo evidente y es que rezuma espectáculo e imaginación en cada plano.
Avatar: Fuego y ceniza (James Cameron, 2025) se estrena 3 años después de la anterior entrega que llevaba por título El sentido del agua, y eso se nota, puesto que la evolución a nivel tecnológico, para el espectador de a pie, es casi inapreciable. No sucedió lo mismo con la segunda película, cuya diferencia con la primera era de doce años. Y posiblemente nos pase lo mismo dentro de 3 años, cuando se estrene la cuarta entrega. Aun así, consigue el objetivo de mantenernos atentos en sus más de tres horas de metraje, que de entrar en ella, no resultan nada pesadas.

Pero si Cameron maneja como nadie el espectáculo, la acción y muchas veces la cámara, pero su asignatura pendiente sigue siendo el guion. El director vuelve a contar con Rick Jaffa y Amanda Silver para escribir la película, y se les une Josh Friedman, guionista de La guerra de los mundos (Steven Spielberg, 2005) y de series como Las crónicas de Sarah Connor o Fundación. Su experiencia dentro de historias que mezclan humanidad y tecnología está claramente demostrada. Aun así, el guion de esta Avatar: Fuego y ceniza no termina de cerrar muchas incógnitas que ella misma se plantea y acaba tirando por lo fácil en cuanto a algunos detalles que, seguro, ayudarán ya no solo a desarrollar las otras dos películas, sino a facilitar las cosas a nivel de historia (menos detalles, seguramente).

Cameron y sus guionistas tampoco se han comido excesivamente la cabeza para soltarnos la historia que nos sueltan. Continuista en cuanto a temática (la familia, la vida, la naturaleza, el bien, el mal, el dolor, el duelo…) los valores que importa son realmente tan básicos que no es una cinta para darle mucho al coco, algo que desde el primer momento Cameron dejó claro con esta saga. Si su primera hora resulta interesante y en donde nos muestran la familia como «pegamento» para las adversidades, el resto de la cinta se vuelve algo más convencional y menos íntima, desarrollando pocos aspectos que no conocemos de este universo.

Resoluciones fáciles, personajes poco elaborados, que aparecen para “save the day” y que la cosa avance, pero que en el fondo necesitaríamos saber algo más. A esto hay que sumar un villano excesivamente gastado, con unas motivaciones algo confusas y poco detalladas (sí, pero no) y que en esta ocasión parecía añadir un aliado con el personaje de Varang (con los movimientos de la actriz española Oona Chaplin). Sin embargo, da la sensación de que es un personaje poco explotado, con poco fondo, al que no se termina de entender muy bien. Lo mismo sucede con el clan Mangkwan, del que poco o nada se sabe.

Pero al margen de todo esto, que realmente sí aporta algo nuevo al “avatarverse”, el acto final nos resulta familiar en muchos aspectos y no hay demasiados elementos nuevos que añadir, ¿la historia no lo necesita? ¿se reservan más cosas para las otras entregas?
Es innegable que esta saga es más una experiencia que una serie de películas buenas o malas. Recomendable siempre verla en 3D (una pena que el formato no termine de cuajar), Avatar: Fuego y ceniza sigue manteniendo el listón y Cameron no se cansa de deslumbrar. Cine rápido, de consumo, para no comerse la cabeza que tampoco viene mal. Aunque en este caso visite ciertos lugares comunes de una saga a la que le cuesta contar cosas nuevas (como si no tuviera) no basta con que aparezcan 20 minutos en pantalla.
- Sam Worthington
Jake Sully (voz) - Zoe Saldana
Neytiri (voz) - Sigourney Weaver
Kiri (voz) - Stephen Lang
Coronel Miles Quaritch (voz) - Kate Winslet
Ronal (voz) - Oona Chaplin
Varang (voz) - Jack Champion
Spider

