Óliver Laxe (Paris, 1982) se ha criado prácticamente en Galicia, y a pesar de llevar cinco películas (incluida esta que nos ocupa) en su carrera y varios premios en Cannes (también incluimos esta cinta), puede que no sea uno de esos directores reconocidos a nivel general. Se dio a conocer “al pueblo” con la película O que arde (2019) en donde nos situaba en medio de un incendio (también a nivel metafórico). Ahora nos presenta Sirāt (o Sirāt. Trance en el desierto), una película o mejor dicho, dos películas en una, donde también se libra una batalla interior.
Bajo la producción de El Deseo, es decir, los hermanos Pedro y Agustín Almodóvar, que tienen un buen ojo para historias interesantes, Sirāt es como meter en una coctelera, varios géneros y servirlo en un vaso recién sacado del lavavajillas. Es una película que entra mucho más por su factura que por la historia, y esto es gracias al enorme esfuerzo que se ha puesto tanto en su fotografía como en su textura, que recuerdan un poco a las últimas producciones de la saga Mad Max (salvando todas las distancias que hay, por supuesto).

El trabajo del barcelonés Mauro Herce, que supone su tercera película con Laxe es más que notable. La historia se desarrolla en Marruecos y se ha optado por una imagen sucia, con tonos ocres, en donde predomina lo difuso, lo tosco. Si que hay que reconocer que la cámara puesta también por Laxe en sitios muy concretos, nos ayudan a tener una visión muy interesante sobre lo que nos está contando la película, sobre todo en su primer tramo.
Por otro lado, llama poderosamente la atención la utilización del sonido. Y es que Sirāt el sonido tiene mucha importancia, ya no sólo como generador de ambientes, sino como potenciador de esa desesperación o esa angustia de su protagonista. Una música (obra de Davir Letellier, bajo el pseudónimo Kangding Ray) electrónica que roza lo experimental, minimalista, pero a tono con la historia y el entorno en el que se desarrolla la acción.

Cuando esos dos elementos confluyen en Sirāt, la cosa funciona y muy bien, trasladando al espectador directamente a esas fiestas (‘raves’),a esas montañas, carreteras sinuosas…
Como avanzamos, estamos ante lo que parecen 2 películas en una sola. Y es que Sirāt tiene una primera parte notable, con una narración pausada, pero sin llegar a ser plúmbea; con personajes que empiezan a interesarnos, con la búsqueda de una persona por parte de su padre y hermano, con unos personajes secundarios tan extraños como sorprendentes… esa camaradería que aflora entre los personajes que conforman el núcleo interpretativo se ve truncada con un inesperado e impactante giro de guion que descoloca, en todos los aspectos.

A partir de entonces Sirāt se transforma, se vuelve una cinta más trágica, casi desnortada, con personajes que pierden la razón (aunque haya un motivo) y con un final que no deja indiferente por su contraste con respecto a lo que hemos visto.
Película que va desde el drama, pasando por las aventuras, ‘road movie’ y culminando casi en un cine bélico (con un conflicto de fondo del que no sabemos nada, estamos totalmente perdidos, ¿por qué?). Como historia, pocas pegas podemos ponerla, pero tiene varios problemas y no es sólo que a nivel interpretativo cueste (y mucho) empatizar con los personajes, sino que su guion parece no saber exactamente hacia dónde va, creando una confusión y diversos cabos sueltos que no acaban por definirse o tener un sentido ciertamente lógico.
Si Laxe con Sirāt ha querido eso, comparar ese caos con el caos de una ‘rave’ lo ha conseguido, no sin antes plantearnos una historia casi generacional con padre, adulto y niño como puente hacia ese infierno que es la desesperación y la locura, y que mira hacia atrás, una libertad en forma de sonido y música.
- Sergi López
Luis - Bruno Nuñez Arjona
Esteban - Joshua Liam Henderson
Josh - Jade Oukid
Jade - Richard Bellamy
Bigui - Stefania Gadda
Steff



