John Ronald Reuel Tolkien (Bloemfontein, 1892) quedó huérfano de padre cuando sólo tenía 4 años y junto a su madre y su hermano, Hilary Arthur, emigraron desde Sudáfrica a Inglaterra. Tras vivir con algunos familiares, decidieron establecerse en Birmingham, y cuando el futuro escritor tenía 12 años, su madre Mabel, falleció también, dejándoles al cuidado de un sacerdote católico llamado Francis Xavier Morgan. Durante su época de estudiante, el joven John Ronald demostró un interés curioso sobre las diferentes lenguas, hasta incluso se inventaba sus propios idiomas y escribía textos con ellos, además de inventarse una fonética para poder hablarlos. En su paso por un par de colegios, creó un club de lectura y escritura, donde compartía ideas y pequeños relatos con otros jóvenes que también tenían interés en este campo. Ya en la universidad (Exeter College, en Oxford) estudió varias lenguas (gótico, nórdico, latín, griego…) algo que, posteriormente le serviría para crear el idioma élfico.

Tras luchar en la Primera Guerra Mundial (en la cruenta Batalla de Somme) John Ronald decidió llevar una vida más tranquila junto a su mujer Edith Bratt y empezó a dar clases como profesor en las universidades de Leeds y Oxford, siempre centrándose en inglés antiguo y literatura medieval. Es sabido que el paso por el frente marcó mucho a Tolkien, algo que también le sirvió de inspiración a la hora de crear la batalla entre el bien y el mal, y describir lo terrible que puede ser esta contienda. En Oxford conoce a C.S. Lewis (autor de la saga de novelas de Narnia) con el que intercambia borradores de varios relatos entre ellos uno en el que que estaba trabajando, casi a petición de sus hijos (tuvo 4) que querían un cuento para poder entretenerse, su título, El Hobbit.
Tolkien llevaba varios años escribiendo la que quería que fuera su gran obra, titulada El Silmarilion. Para escribirla tenía una ingente cantidad de borradores, escritos y bocetos en donde había volcado gran parte de su imaginación y conocimiento, creando lenguas, razas, lugares o batallas épicas. Tenía tan clara su idea de cómo quería que fuera su Tierra Media que hasta ideó una cronología dividía en tres edades: la primera se centraba sobre todo en Morgoth (el primer señor oscuro), así como en la creación de elfos y humanos (a grandes rasgos); una segunda edad que correspondía a la época de la forja de los anillos por parte de Sauron (que huyó cuando Morgoth fue derrotado por elfos y humanos); y una tercera edad que narra el hallazgo y la destrucción del anillo único. Con este apoyo y este fondo, a principios de los años setenta, Tolkien se dirigió a la editorial George Allen & Unwin, donde pretendía publicar su primera novela. El director de la misma le dejó el borrador a su hijo de 10 años que quedó fascinado por la historia. Aquello supuso la publicación de su primera novela, con un éxito considerable e inesperado para el propio autor, que había enfocado sobre todo la historia a un público infantil. A pesar de la época que atravesaba Europa era un tanto complicada y que la gente buscaba entretenimientos menos «sesudos», su editor le solicitó una continuación para seguir con el éxito.
Tolkien trataba de crear nuevas historias, protagonizadas por el personaje de Bilbo y sus amigos. Pero entonces algo le asaltó en su imaginación. Uno de los elementos más importantes de El Hobbit era un anillo mágico, un concepto que le era familiar. Así empezó a escribir una gran historia en torno al anillo único. La obra era bastante voluminosa y con una gran cantidad de páginas lo que, a ojos de su editor, resultaba bastante complicado publicar y vender. Con cierta inteligencia (y ojo puesto en los negocios), le sugirió dividirlo en tres libros, en donde cada final sería un intenso ‘cliffhanger’ que haría que quisieras leer el siguiente. Se dividió en tres partes haciendo alusión a sucesos importantes que acontecían en cada una: La comunidad del anillo, Las dos torres y El retorno del Rey.
Con estas mimbres no era de extrañar que Hollywood decidiese adaptar alguna de las tres novelas… o las tres. El primero en hacerse con los derechos fue Saul Zaentz que los adquirió a finales de los sesenta por poco más de 12 millones de dólares. El productor autorizó dos adaptaciones animadas, una primera para televisión sobre El Hobbit (Jules Bass y Arthur Rankin Jr., 1977) con las voces de John Huston y Otto Preminger entre otros. Una cinta infantil que tampoco gustó demasiado al público adulto; y una versión de El señor de los anillos (Ralph Bakshi, 1978) que no contaba toda la historia debido a que utilizaba una técnica demasiado costosa, además de que tampoco fue del interés de los fans. El segundo intento vino por parte de Miramax (propiedad de Howard Weinstein), que compró los derechos a Zaentz en 1996, pero el coste que suponía adaptar las novelas no les convencía, así que dos años después New Line Cinema, propiedad de Warner Bros. se hizo con los derechos de los libros.
Un director neozelandés llamado Peter Jackson, conocido sobre todo por su cine ‘trash’ de ciencia ficción, consigue enterarse de que New Line Cinema ve factible hacer una adaptación bastante fiel de las novelas. Jackson era un auténtico admirador de la obra de Tolkien. De joven había devorado los libros y tenía un conocimiento suficiente como para saber cómo manejar la historia y todo el ‘lore’ que conllevaba. Así, se alió con las guionistas Fran Walsh (su pareja) y Philippa Boyens. Había trabajado con ellas en películas anteriores como Braindead (1992), Criaturas celestiales (1994) o Agárrame esos fantasmas (1996). A grandes rasgos, mientras una aportaba emotividad al relato y construcción de personajes, la otra se encargaba de la estructura y cohesión. La solidez, convencimiento y profesionalidad que transmitió Peter Jackson a la New Line fue lo que hizo que confiaran en él para rodar (del tirón) la adaptación. Casi 95 millones de dólares por película, casi 440 días de rodaje, más de 2.000 millones de dólares de recaudación en todo el mundo y 17 Óscars, son algunas de las cifras de esta trilogía.
Cuando todavía no se había empezado a rodar la trilogía de El señor de los anillos, a mediados de los noventa ya empezaron los rumores para adaptar el libro de El Hobbit. Algunos hablaban de una nueva película animada y también con actores reales, pero ninguno de los proyectos parecía tener un final feliz. Pero a raíz del éxito de las tres películas, la New Line volvió a ponerse en contacto con Jackson para ofrecerle la producción. Jackson, evidentemente, aceptó y confirmó que estaba trabajando en la adaptación 4 años después del estreno de El señor de los anillos: El retorno del Rey (2003). A pesar de que el libro no era tan extenso como para hacer una nueva trilogía, el director decidió dividirlo también en tres partes (Un viaje inesperado, La desolación de Smaug y La batalla de los cinco ejércitos) para incluir apéndices, algunas partes de El Silmarilion. Además de esta forma pretendía que conectase mucho mejor con la trilogía ya estrenada, a nivel comercial para New Line era mucho mejor tres películas que una, y también a nivel de producción sería mucho menos costoso. Aquí las cifras eran mayores, algo más de 200 millones por película, poco más de 260 días de rodaje (el uso del CGI aquí era bastante mayor que en la anterior trilogía), y una recaudación que casi alcanza los 3.000 millones de dólares en todo el mundo. Eso sí, de 5 nominaciones, esta trilogía se fue de vacío.
En el año 2017 amazon compra por poco más de 240 millones de dólares, la explotación para televisión del universo de Tolkien. Esto incluye la posibilidad de crear series de televisión ambientadas en cualquiera de las edades, así como derechos de explotación de personajes. Sin embargo en esta compra hay letras pequeña. Estos derechos no incluyen las películas de Peter Jackson y su merchandising, y tampoco personajes específicos de los libros de Tolkien (Frodo, Sam, Bilbo…) así como el concepto de «hobbit». Con esta compra, la compañía de Jeff Bezos desarrolla para su plataforma prime video, una serie titulada Los anillos de poder en donde se cuentan hechos sucedidos en la Segunda Edad. En resumen, cualquier evento o personaje que esté relacionado con la Tercera Edad (lo que cuentan los libros) no puede ser utilizado por amazon.
Continuará…




