Tercera película de Daniel Guzmán (Madrid, 1972) como director, y de nuevo además vuelve a ponerse también delante de las cámaras, como lo hizo en su anterior trabajo, Canallas (2022). Guzmán vuelve a retratar socialmente la vida, esta vez no desde el punto de vista de la adolescencia, como lo hizo en su primera película A cambio de nada (2015), sino desde el punto de vista de la supervivencia casi como forma de vida.
La película vuelve a convertirse en una denuncia social, esta vez focalizada en el sector bancario e inmobiliario, y con una anciana como objetivo. El realizador, que siempre carga de verdad y naturalismo sus películas, aborda un tema tan incómodo como desagradable como es el de los desahucios de personas mayores, exponiéndolo como un enorme mal social del que, aun haciéndose eco muchos medios de comunicación, nadie parece librarse.

Guzmán interpreta a un hombre que vive y sobrevive bajo el amparo de una anciana. Aunque no deja muy claro su pasado, siente una enorme conexión con esta mujer, a la que debe “salvar” del fatal destino que supone tener que quedarse en la calle sin nada. Un acontecimiento que desencadena otro de fatales consecuencias y que marcará también la vida del protagonista.
La deuda es una alusión clara a una vida desesperada, injusta para con los que menos tienen e implacable para quien incumple su palabra. En resumen, la vida no es maravillosa (un calificativo negativo que también aparecía en su primer trabajo). Guzmán, que siempre hace alusiones, de alguna forma, a algún aspecto personal de su vida, retrata también de forma realista algunos bajos fondos que mueven dinero negro y que sirven a muchos, como forma de escape para saldar deudas o conseguir dinero relativamente rápido.

Es un terreno que el director/actor/guionista conoce y maneja muy bien los tiempos y las escenas, dotando a esta pequeña película de un ritmo contenido, pero bien administrado. Se la puede echar en cara su falta de ambición, pero es que tampoco lo necesita.
A la hora de colocar a los personajes en el tablero, Guzmán también dispone diferentes capas sociales, apelando siempre a la justicia para trata de exponer sus argumentos. En este aspecto, siempre se ha caracterizado por ser un director bastante honesto para con el espectador, su cine no es artificial, rezuma veracidad, algo de crueldad y realismo, algo complicado de ver en muchas producciones que tratan de buscar denuncia a través de historias. El director no adorna nada y se dedica a exponer los hechos mezclándolos con algún toque de cine negro, pero sin olvidar la esencia de la historia que está contando.

Con estas mimbres, se ha construido La deuda, cine crudo, que se palpa y que muestra la cara más afilada de una sociedad cada vez más preocupada por uno mismo y alejada de la solidaridad o ayuda. Una película interesante, que tiene cosas que contar, con personajes de la calle, veraces, y con situaciones complicadas. Una vez más, el director vuelve a dar en la diana y acierta con un ejercicio sobrio y muy efectivo, eso sí, apto para los que no se miran constantemente el ombligo.
- Daniel Guzmán
Lucas - Rosario García
Antonia - Susana Abaitua
Mara - Itziar Ituño
Gabriela - Luis Tosar
Jero - Mona Martínez
Sorina - Francesc Garrido
Sebas




