George Lucas (Modesto, 1944) un joven criado en una familia de clase media que pronto despertó interés en la imagen y en los coches de carreras, fue el ideario de una saga que ya forma parte de la historia del cine. Lucas, tras asistir a la universidad (donde se hizo amigo de Francis Ford Coppola) empezó haciendo cortometrajes y experimentando con efectos especiales. Su primera película fue THX 1138, dirigida en 1971 sobre un futuro distópico. No tuvo buenas críticas y tampoco un éxito sonado, algo mas su segundo largometraje American Graffiti (1973) que contaba la historia de un grupo de jóvenes antes de pasar a la universidad. En aquella cinta, Lucas mezclaba dos de sus pasiones, la música y los coches de carreras.

Fue a principios de aquellos 70 cuando, influenciado por los seriales de aventuras de los años treinta e incluso por el cine de Akira Kurosawa, cuando empezó a desarrollar su particular universo galáctico. Un mundo que incluía héroes, villanos, misticismo (a través de las corrientes de la luz (Jedi) y la oscuridad (el Lado Oscuro), y una ingente imaginación trasladada a multitud de criaturas, naves, vehículos, planetas o razas alienígenas. La imaginación de Lucas y la destreza en la ilustración del dibujante Ralph McQuarrie sirvieron como tarjeta de presentación a varios estudios que lo rechazaban por parecerles una idea tan loca como inviable a nivel de producción. Hasta que dieron la 20th Century Fox, que dió luz verde al proyecto.
En 1977 y tras varios meses de rodaje en Túnez e Inglaterra, la creación de un estudio de efectos especiales (Industrial Light & Magic) e ingentes sesiones de grabación para la banda sonora (obra del maestro John Williams), la película La guerra de las galaxias se pudo estrenar en cines de todo el mundo, cosechando un éxito arrollador. Tal fue su espléndida acogida (más de 770 millones a nivel mundial, 300 más que Tiburón, por comparar) que sentó las bases para la llamada nueva ciencia ficción, al igual que un nuevo estándar en cuando a efectos especiales. Tal fue el éxito que, aun centrándose en otros proyectos, ideó una trilogía compuesta por El imperio contraataca (1980) que dirigió Irvin Kershner, y El retorno del Jedi (1983) que dirigió Richard Marquand.
Tras haber dado por concluida la primera trilogía, Lucas se mantenía en su idea de convertir las películas en un evento, y así a finales de los años ochenta, se dedicó a escribir los guiones de tres nuevas películas, que contarían eventos tan importantes como la transición del República Galáctica en Imperio, o la creación del villano Darth Vader, ya que en la trilogía original no se explicaba demasiado de su pasado. En 1997 y con la tecnología de efectos especiales digitales ya desarrollada con cierta solvencia (algo imprescindible para el propio Lucas) empezó el rodaje del primero de estos episodios, con el título de La amenaza fantasma. La película volvió a romper taquillas en todo el mundo, superando por primera vez en la saga, la cifra de los 1.000 millones de dólares. A pesar de que muchos tildaron esta primera película de infantil e incoherente visualmente con la trilogía original, Lucas se mantuvo firme y rodó dos entregas más que desarrollaban la historia del triángulo formado por Anakin Skywalker, Obi-Wan Kenobi y Padmé Amidala. El ataque de los clones (2002) y La venganza de los Sith (2005) cerraban un ciclo, y la propia carrera de Lucas, que se retiraba de la dirección indefinidamente.
Con la idea en la cabeza de retirarse, Lucas recibió varias ofertas de grandes estudios para hacerse con Lucasfilm, su productora y dueña de los derechos de toda la saga. Finalmente fue Disney quien por el módico precio de algo más de 4.000 millones de dólares, adquirió en el año 2012 Lucasfilm Ltd. poniendo a la cabeza a la productora Kathleen Kennedy como presidenta. De perfil ampliamente conocido en Hollywood, la idea de Disney era hacer más películas, series y explotar todo lo posible la saga, siempre (eso decían) manteniendo intacto el espíritu que Lucas había creado durante tantos años.
Así, en el mismo año de la compra ya se anunció la primera de las tres nuevas películas que conformarían los episodios VII, VIII y IX. Dado que Lucas estaba retirado, se escogió a un directo con solvencia en cine comercial, como fue J.J. Abrams, con una dilatada carrera tanto en televisión (Alias o Perdidos) como en cine Misión: Imposible III (2006) en donde también reinició otra saga, Star Trek (2009) de la que hizo también otra secuela, En la oscuridad (2013). Su olfato y buen hacer (al menos para muchos) para mezclar acción y aventuras, fue determinante para otorgarla la capacidad de hacerse cargo de una película que, sin duda, iba a suponer una importante fuente de ingresos para Disney. El despertar de la fuerza (2015), Los últimos Jedi (Ryan Johnson, 2017) y El ascenso de Skywalker (J.J. Abrams, 2019) cerraban otra época cinematográfica.
Con la compra de Disney, el auge de las plataformas de ‘streaming’ y la capacidad de la propia Disney de tener la suya propia, fraguaron la proliferación de series de televisión ambientadas en lugares o épocas que no se habían explotado mucho en las películas. Dos nombres fueron claves para este desarrollo: Jon Favreau y Dave Filoni. A Favreau ya se le conocía por ser el primero en iniciar el universo cinematográfico de Marvel (el UCM) con Iron Man (2008). Su mentalidad ‘infantil’ pero con un ojo increíble para el éxito le valió para que Disney le encargase una primera serie The Mandalorian. Dave Filoni era un experto conocedor del universo expandido de la saga, desarrollado en otras series de animación y en cómics. Juntos estrenan en el 2019 el primer episodio de la serie que se centraba en un cazarrecompensas perteneciente a Mandalore, un planeta oscuro y lleno de misticismo. Para trata de añadir un público nuevo y, por qué no, infantil, se añadió a la historia el personaje de Grogu, que supuso una mina de oro para el ‘merchandising’ de la serie.
The Mandalorian aguantó tres temporadas (2019, 2020 y 2023) aunque dejó la puerta abierta para una película. La cosa no terminaba ahí, y Disney desarrolló tres series más: El libro de Bobba Fett (2021), Obi-Wan Kenobi (2022), Andor (2022) y Ahsoka (2023). Todas ellas se centraban en personajes icónicos del universo cinematográfico y, aunque su calidad era bastante alta, no todas conectaron muy bien con el público. Disney tampoco escapaba de la animación y estrenó dos temporadas de Visions (201 y 2023), recopilación de varias historias ambientadas en el mundo galáctico en donde cada una de ellas estaba hecha con una técnica diferente. También estrenaron la serie ‘spin-off’ La remesa mala (2021 al 2024) centrada en el pelotón Clon 99 que había aparecido en la magna Clone Wars (2008 al 2020).
Pero la industria de Hollywood no para cuando se trata de hacer dinero, y a Disney le pasó algo que es interesante de analizar. Tras el estreno de El despertar de la fuerza, anunciaron que cada año habría una película nueva dentro del universo de Star Wars. La primera de ellas fue Rogue One: Una historia de Star Wars (Gareth Edwards, 2016), sobre el robo de los planos de la Estrella de la Muerte y que se mostraba brevemente en La guerra de las galaxias. La película fue recibida tibiamente por crítica y taquilla y no alcanzó el éxito esperando. Dos años después, Disney estrena Han Solo: Una historia de Star Wars (Ron Howard, 2018) en donde se contaba el origen del personaje que inmortalizó Harrison Ford en las películas. El fracaso fue notable y sirvió a Disney para que diluyesen su idea de estrenar una película cada año.
Continuará…

















